Nosotros asustamos
Es difícil ver qué función tenemos aquellos que estudiamos Arquitectura. No somos en absoluto necesarios para construir, ni tampoco para generar espacios, ni para nada en particular. Nuestros conocimientos están demasiado cerca del capricho, o quizás demasiado mezclados con el capricho. Lo que a mi, personalmente, me provoca temor es darme cuenta de que, del 100% de clientes que he tenido, a ese mismo 100% he tenido que convencer de que no dispararé los presupuestos, de que no instalaré fibra óptica por todos lados, de que no me saldré con la mía. Todos han empezado asustados.

La foto es de “La guata del Arquitecto”, de Peter Greenaway.
La pregunta es: ¿Es ése temor justificado, o es sólo otro prejuicio más? Cuando veo mi propio trabajo profesional (el único que conozco bien), llego a la conclusión de que es una verdad a medias: de alguna manera, un poco de capricho le pone pimienta a las construcciones, y para esto también te pagan. Lo difícil es encontrar el equilibrio. Eso sí, cuando pienso en una conversación que escuché ayer a la pasada, sobre alguien que estaba construyendo 172 casas para vender, ponerle pimienta es un riesgo que parece tan grande que mejor la cosa queda sosa y después cada cual le pone la sazón. Y entonces es un poco cierto: nuestra profesión es similar a la de un chef, y está lejos de la de un experto en nutrición. Aunque nos pese.