Ser viejo

Como ha aparecido en otros posts, la vejez, al contrario de a lo que usualmente se la relaciona, achaques y problemas, en construcción tiene un potencial solucionador de antiguos problemas, así como a quien nace con astigmatismo o miopía (no recuerdo cual) a medida que se pone viejo se le corrige el problema, y termina sus días leyendo los avisos económicos sin necesidad de lentes.
Ahora, yendo un poco más allá, la vejez de las cosas no sólo se hace buena como solución a un problema, sino que tiene un valor en sí mismo. Una constante en las construcciones que me llaman la atención o emocionan es que son viejas, y que además su vejez se hace notoria en una pátina, en una rotura, en una modificación.

A esa conclusión he llegado: de las cosas que me gustan (la mejor forma de saber qué quiero hacer es analizar qué me gusta ver y donde me gusta estar), una buena parte son viejas, y estoy dado a suponer que me gustan porque son viejas.
Lo malo del asunto es que esa es precisamente una de las variables que no podemos dominar, pues no podemos construir cosas viejas: las cosas se ponen viejas, no se hacen viejas.
Lo bueno es que estar pensando en unos buenos años más adelante es muy tranquilizante, si tu objetivo es la construcción y no las fotos para mostrarla.

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