Del polvo vienes

Si un material pone en juego la fijación cultural que tenemos con la casa sólida, de material, es el barro. La tierra, (aunque no cualquiera, casi cualquiera, un poco específica, distinguible con una botella de Coca-Cola vacía) mojada, mezclada con paja para que se quede en su sitio. Y nada más. Desde el punto de vista sustentable, lo mejor: construyo mi casa, y una vez que muero, como mis hijos probablemente no querrán seguir en el mismo barrio, le saco el techo o lo que lo proteja del agua, y la casa vuelve a la tierra, de donde vino. Igual que nosotros.

En esta misma línea, no es de locos pensar que la casa sólida es una idea parecida a la de la mínima inmortalidad que pretendemos todos: plantar un árbol, tener un hijo. Nadie parece querer una casa que tenga una fecha de caducidad como tenemos todos. Y, al contrario del motociclista de arriba, no es el barro lo que no nos deja ver.

Un comentario to “Del polvo vienes”

  1. serébreve Dice:

    Además, el barro tiene unas super ventajas: las casas en verano son frescas, en invierno calentitas, y además, como tiene poco peso, no hace tanto daño con un terremoto.

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