Lo que duran las cosas
Leí por ahí que las tejas de la iglesia de San Francisco Javier, en la Chiquitanía, está cubierta aún por las mismas tejas con las que se construyó hace 250 años (por un constructor de nombre Martín, a propósito).
El otro día, estuve intentando convencer a una persona de aplicar un tratamiento X a unas maderas, para evitar que hubiera que reemplazarlas en 15 años más. De más está decir que no logré hacerlo, y que apenas logro convencerme a mí mismo.

Es que, ¿quien pretende que algo le dure tanto? Conozco muy poca gente que vive en la misma casa que fue de sus padres, por ejemplo, o que prefiera gastar más ahora y menos durante los próximos 50 años. La iglesia de San Francisco Javier de los Piñocas demoró 3 cortos años en construirse, lleva 256 años en pie (en peor o mejor estado, claro está), los árboles con los que se erigió tenían de 40 a 80 años y nada, hoy en día nos parecen cifras absurdas o, lo que es peor, no nos llegan a interesar en lo más mínimo.
Parece ser que, simplemente, ya no nos interesa que las cosas duren.